El aterrador interior externo a la ventana

Estoy enfermo, física y mentalmente algo falla en mi interior, no se qué hacer… tengo esa sensación de querer pero no querer saber qué ocurre realmente, esa niebla que esconde la verdad que no me atrevo a atravesar.

Es algo muy común, normalmente sentimos que somos capaces de todo, nada malo va a ocurrirnos a nosotros ni a nuestros seres queridos pero, no podemos ser niños protegidos por esa burbuja nunca más. Debemos aceptar que somos un producto más que la naturaleza ha creado, independientemente de que nos curemos por los avances tecnológicos y médicos, envejecemos y caducamos.

No nos solemos plantear normalmente el fin de nuestra existencia, como he dicho antes, somos indestructibles, inmortales y tenemos la suerte de nuestra parte. Las tragedias suceden, pero al otro lado de la televisión o el periódico y solemos aceptarlas con un plato de comida calentito frente a nosotros.

“¿Qué ocurre cuando el destino decide escribir un capítulo inevitable en nuestra vida?”…6

No estamos preparados para aceptar noticias cercanas de índole trágica, pero queridos amigos, como los conformistas suelen decir, “así es la vida” o “es lo que hay”. Y en este caso es cierto, podemos remediar muchas cosas pero no el azar que nos arropa cada segundo, esa sucesión de causalidades que desconocemos y en algún momento aparecen sin avisar.

Esto es algo que en el fondo sabemos, desde pequeños lo hemos visto de una manera u otra, estemos o no preparados para aceptarlo lo ocultamos por miedo a acercarnos a la realidad y salir de esa pequeña burbuja de felicidad e ignorancia en la que vivimos en muchos momentos.

Somos animales y desarrollamos el miedo como medio de protección psicológica, para no volar, madurar o simplemente, aceptar que cada segundo que pasa es un segundo irrecuperable de nuestra vida, una vida cuya duración es una incógnita.

“El enigma de la existencia es el valor de cada segundo no aprovechado”…6

La vida pasa y podríamos abordar este tema desde muchas perspectivas. En mi caso, quiero hacerlo desde el miedo y la falta de curiosidad por la realidad. No debemos tener miedo a lo que suceda, sino vivir la vida intentando desentrañar qué se escode tras cada puerta.

Para ser sincero he empezado escribiendo el post por dos palabras que me han escrito para que desarrolle: “Curiosidad y Miedo” y he acabado divagando, como de costumbre por el hecho de escribir sin mirar atrás, como quien corre en una dirección por primera vez simplemente descubriendo qué músculos de sus piernas consigue flexionar y comienza a enlazar movimientos que cada vez hacen que aumente su velocidad.

Esto me lleva a concluir explicando una vivencia personal. Hace muchos años me salieron dos bultos en un brazo y en una pierna, pasaron meses hasta que me decidí a hablar con mi madre para ir al médico por miedo a lo que me pudiese decir, “¿será un tumor?”, “¿tendré alguna enfermedad extraña?”… Resultó que uno de los bultos si era un tumor.

“¿Qué pasa si el miedo se superpone a la curiosidad?, ¿tendría un problema irreversible en un futuro?, quién sabe. ¿Me hubiera arrepentido más adelante?, probablemente…”6

Perdamos el miedo y seamos curiosos, luchemos contra cualquier elemento que nos frene ya que de lo contrario, estaremos perdiendo segundos de nuestra vida y como todos sabéis, algún día no quedarán más segundos.

 

CortezaLife

– Imagen de Cabecera de: RHADS (Deviantart)

Un comentario en “El aterrador interior externo a la ventana

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